Hola y adiós: El último brindis de Joaquín Sabina con México
Por Antonio García Viera
Mara Barros está sentada frente a Joaquín Sabina, alrededor de una mesita redonda que les permite un brindis. Ella viste un poncho rojo, como el de la dama pelo de plata y carne morena a la que él sigue adorando.
Son las 10:05 de la noche y el público se puso de pie desde que ambos aparecieron cinco minutos antes para empezar a cantar a todo pulmón Por el bulevar de los sueños rotos. Las 10 mil personas que llenaron el Auditorio Nacional en la Ciudad de México, no los abandonan nunca en los coros, y se han quedado de pie desde que Sabina dio un previo a esta canción que le compuso a Chavela Vargas.
México es un tequila en Guanajuato. Viva Zapata, Zócalo, Insurgentes. México es un corrido contra el miedo. México es un mariachi en Irapuato. Chavela, Paz y Carlos Fuentes. México es Frida Kahlo y José Alfredo.
Miércoles 12 de febrero de 2025. Es el último concierto de Joaquín Sabina en México. Es la despedida de despedidas de este país. Su gira Hola y adiós se acaba esta noche que coincide con su cumpleaños 76.
Los fans -porque realmente eso son los asistentes de esta última noche- tienen semanas preparando una sorpresa para cantarle Las mañanitas. Desde luces de colores, mensajes escritos en una hoja de papel, y mucho cariño para el cantautor español.
“Para ti, Chavelita guapa”, dice Joaquín al terminar esta canción que lo conecta con México desde 1994.
En la pantalla, la imagen de ella y un manuscrito:
“Te amo, Joaquín. Con amor, Chavela”.

Inmediatamente se escucha el teclado y la voz de Antonio García de Diego, su inseparable compañero desde el siglo pasado: Estas son las mañanitas que cantaba el Rey David…
Sabina regresa al banco en donde había estado sentado cantando durante todo el concierto, salvo alguna pausa que realizó para descansar o para pasar a la mesa en la que le cantó a Chavela.
Inician Las mañanitas desde el teclado y sus músicos dejan sus instrumentos, presurosos van a su lado. Los que están detrás del escenario entran y se abrazan entre todos, acompañando a Sabina.
Mientras, desde sus lugares, que no de sus asientos porque la multitud no ha vuelto a usarlos, la gente saca sus carteles y corea con mucho amor:
Despierta, Joaquín despierta, mira que ya amaneció. Ya los pajarillos cantan, la luna ya se metió.
De pronto, la pantalla gigante se ilumina con los colores de la bandera mexicana y Joaquín voltea hacia su derecha, todavía sorprendido de ver cómo entran los mariachis. Se toma el brazo izquierdo con la mano derecha; se toca la nariz y luego abre los brazos, agradeciendo el gesto.
Hoy por ser tu cumpleaños te venimos a cantar…
Todo mundo aplaude y sin dar más que una mínima pausa, se escuchan las primeras notas de otra canción que tanto conecta a Joaquín con México… Después de escuchar que el público la canta, él se levanta por fin, emocionado y se acerca a paso lento con los mariachis y comienza a cantar.
Yo quería dormir contigo y tú no querías dormir sola. Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una, y las dos y las tres. Y desnudos al anochecer nos encontró la luna.
La gente lleva ya 8 minutos de pie. Nadie se ha sentado en el auditorio y Sabina aprovecha los últimos violines y trompetas de los mariachis todavía sobre el escenario para sincerarse, como lo ha hecho en algunas entrevistas.
“Quiero contarles. Y quiero que ellos me oigan. Quiero contarles que la emoción más grande y más alta que he tenido jamás en mi vida, es cuando comprendí que los mariachis cantaban esa canción. Muchas gracias”.
Los mariachis se retiran. Los músicos regresan a sus lugares y parece que todo vuelve a la normalidad de las anteriores 13 canciones. Pero para los fans, este no es otro concierto de Sabina. Es el último y se le entregan con voz y alma:
¡Oé, oé, oé! ¡Joaquín, Joaquín!
Se quita el bombín, lo baja en un gesto de agradecimiento y desde el público se dejan ver los sombreros sabineros.
¡Oé, oé, oé! ¡Joaquín, Joaquín!
Son ya 10 minutos y nadie toma asiento, y Joaquín interrumpe los oé mexicanos.
Sí quisiera decirles que cuando cumplí 50 años juré y prometí por todos los santos del firmamento que nunca más volvería a cumplir años. De eso hace 26 años.

Y el concierto entra en una etapa donde ya nadie guarda silencio, porque quieren seguir coreando clásicos como Y sin embargo, Noches de boda, Y nos dieron las 10, incluida una pausa para que García de Diego interprete La canción más hermosa del mundo, que permite a Sabina tomar otra pausa para regresar a su último vals a las 10:34, cuando ya se habían llegado a los 100 minutos del concierto.
“Todo lo que hemos estado cantado y tocando pertenece al Hola.
Ahora viene el Adiós”.
La gente sabe ya que es el final, que cuando regresen el resto de los músicos, la presentación estará ya en su fase final, a la espera todavía de muchos éxitos que todos quieren escuchar.
Todavía me emborracho… Tan joven y tan viejo, like a rolling stone.
A las dos horas de concierto, Sabina termina Contigo, y agradece por última vez a México en el escenario del Auditorio Nacional. La ovación no tiene para cuándo finalizar.
Los músicos se retiran uno a uno y solo se queda García de Diego con Joaquín Sabina, quien lo detiene y le pide que se quede solo para que los últimos aplausos sean para él solo…
Y la ovación continúa, dejando que Sabina siga con su camino para el adiós definitivo que será en Madrid el 30 de noviembre, y donde es seguro que más de un mexicano estará ahí para despedirlo como se merece y con el reconocimiento y cariño que ya se le demostró por décadas en México.
